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Acerca de sobrepeso, alimentación y otras obsesiones: Entrevista con A. Ellin.

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 Acerca de sobrepeso, alimentación y otras obsesiones: Entrevista con A. Ellin. 

 

Entrevista y traducción: Ari Rajsbaum

 

Buenas tardes, hoy vamos a entrevistar a Abby Ellin. Ellin ha escrito para el New York Times, Newsweek, New York Times Magazine y Fortune, entre otras publicaciones importantes. El trabajo de Ellin se caracteriza por la enorme empatía que tiene hacia las personas de quienes habla. 

En el año de 2005 Ellin publicó Teenage Waistland, libro en el que, a partir de su propia historia, desarrolla el tema de los problemas que viven los muchachos alrededor de la comida, el sobrepeso y los trastornos alimenticios. Pensamos que si alguien se quiere poner en el lugar de los niños que están pasando por estas situaciones y si quiere tener una visión amplia de la vida social que gira alrededor de ellas, Teenage Waistland es una magnífica lectura para intentarlo.

Me interesa comenzar la entrevista con las guerras mentales alrededor de la comida. Abby, en tu libro cuentas una historia que parece un duelo de vaqueros en donde en lugar de balas encontramos galletas, y en lugar de cowboys encontramos niñas de sexto grado. ¿Nos podrías contar como funcionan estas batallas alrededor de los alimentos y que efectos tienen en la mente de los jóvenes?

Abby Ellin: Pienso que estas batallas presentan un enorme problema para los muchachos, especialmente cuando las batallas empiezan en la familia. El alimento, como yo lo veo, debería ser celebrado, no temido. Las comidas deberían ser compartidas con las personas amadas. En un mundo ideal- digamos, en un modelo europeo, o quizá uno mexicano- la familia pasaría tiempo junta en la mesa, compartiendo pensamientos, conversación y comida. Obviamente, esta es una fantasía altamente idealizada- esto no es siempre posible en un mundo en el que ambos padres (¡si es que aun siguen casados!) trabajan, los niños tienen una sobre-programación de actividades y simplemente no hay tiempo para merodear en la mesa durante horas ilimitadas. Aun así, mi argumento principal es: en muchas casas existe un miedo terrible alrededor de los alimentos, comer y ganar peso. Tantas mujeres tienen tal relación de odio/amor con la comida que la transmiten a sus hijos sin intención (principalmente a sus hijas, pero no exclusivamente; los niños ciertamente tienen también sus asuntos con la comida/imagen corporal). Y yo pienso que esto es una lástima, porque algunas de mis memorias más felices giran alrededor de comidas compartidas con amigos y gente querida, ya sea en casa o en un restaurant. Pienso que cuando la gente teme a la comida, o se niegan los placeres de un platillo, se están negando, en esencia, la vida.

 

Ari Rajsbaum: Me parece que tienes razón cuando dices que los niños también tienen temas pendientes con la comida y la imagen corporal, pero que la relación amor/odio tiende a ser vivida con mayor intensidad entre mujeres. ¿Tienes alguna idea de qué tipos de relación dentro de la familia fortalece esta ambigüedad? ¿Podrías contarnos algunos ejemplos que hayas observado entre las familias a las que has conocido o entrevistado?

Abby Ellin: Antes de responder, quiero decir que conozco muchos jóvenes que luchan con su imagen corporal y con el peso. Los niños, sin embargo,  quieren ser fuertes y musculosos- especialmente aquellos que son deportistas, como los que hacen pesas. Los niños se sienten entonces inadecuados si son más pequeños y poco musculosos, mientras las niñas desean ser delgadas. Existe también más presión en las niñas para que se vean de cierta manera- lo que no quiere decir que los niños no sean también sujetos de presión, pero generalmente es más aceptable para los niños ser un poco más pesados que para las niñas, (esto se vuelve sin duda cada vez más cierto mientras nos hacemos mayores. Los hombres pueden ir embarneciendo y quedando calvos ¡aun así encontrarán una pareja! Las mujeres, en cambio, se deben ver maravillosas).

Siempre he pensado que parte del problema es que las madres son con frecuencia duras consigo mismas en lo que respecta a su propio peso/imagen corporal. Recuerdo que entrevisté a una mujer joven quien me dijo que escondía fritos de su hija de 5 años, porque le preocupaba que estuviera engordando y no quería que comiese comida chatarra. Esta mujer también tenía un niño pequeño, pero el sí tenía permitido comer todo lo que quisiera; solo le preocupaba el peso de su hija. La realidad, sin duda, es que no debemos tratar a un niño distinto que a otro- no es justo servir ciertas comidas a un niño y en ese momento prohibirlas a otro. Esto resultará contraproducente y hará que la pequeña las desee más- y la impulsará a robar comida e ingerirla en secreto. De cualquier manera, esta misma madre tomaba los fritos a escondidas, y luego se preocupaba porque su aliento olería a fritanga ¡y su hija sabría que se los había comido! Esta madre también se miraba en el espejo y decía cosas como “mamá está tan gorda”, o “mamá tiene un trasero tan grande”. Nada bueno. Las niñas se identifican con sus madres de maneras que los niños no lo hacen. Una niña que escucha un enunciado como los mencionados pensará “hm, mejor tengo cuidado para no terminar como mamá”. Un niño no haría eso con su madre. Lo haría con su padre- pero la mayoría de los hombres, por lo menos de aquellos con los que he hablado, no se miran a sí mismos en el espejo y se lamentan por su apariencia de la forma en lo que lo hacen las mujeres. Las mujeres son tan, pero tan duras consigo mismas- e indirectamente con sus hijas. Los padres tratan a sus hijos e hijas distinto, esperan cosas diferentes de ellas. Shery Sandberg habla de ellos en su nuevo libro “Lean In” (¿Ha llegado a México? No estoy segura, aquí es muy exitoso). No habla de peso, pero pienso que el peso es una manifestación más de lo mismo. 

 

Ari Rajsbaum: En este ejemplo tan breve se puede ver lo complejas que son las relaciones interpersonales en la familia. Hay algo que me llama especialmente la atención; en México, y supongo que en otros países de América Latina, la preferencia que se da a los hijos varones (y en ciertos aspectos a las niñas) es muy evidente. En muchas familias se sirve primero a los niños, las niñas tienen que lavar los platos o poner la mesa mientras sus hermanos salen a jugar, a ellos se le permite salir a la calle a edades mucho más tempranas. En la historia que acabas de contar se puede ver como en los países desarrollados, aunque de formas mucho más sutiles, las mujeres siguen recibiendo un trato desventajoso. Este trato gira alrededor de aspectos centrales en la vida mental de las personas: la autoimagen y la identidad. Quisiera mencionar un estudio llevado a cabo por el primatólogo Frans de Waal. En el estudio se colocaron a dos monos en jaulas pegadas. Se le “pidió” al primer mono que hiciera una tarea, y al hacerla correctamente se le entregó un pepino. El mono se lo comió gustoso. Cuando el mono que estaba en la jaula de al lado hizo la tarea se le entregó una uva, la cual es mucho más preciada por los monos que el pepino. El primer mono volvió a hacer la tarea y le volvieron a entregar pepino; este, al ver que le estaban dando menos que a su vecino como premio por la misma tarea, se enfureció y le tiró el pepino a la investigadora. El premio que antes era suficiente se convirtió en un insulto cuando el mono se dio cuenta del trato desigual. Existe una gran cantidad de estudios que muestran cómo la reacción emocional ante el trato desigual es innata y se encuentra entre las bases de nuestro sentido de justicia. En el ejemplo que pones se reflejan los problemas de autoestima relacionada con la imagen y la alimentación. ¿Has encontrado que en la comida o la relación con el cuerpo se manifiesten también sentimientos de enojo, revanchas familiares y otros fenómenos relacionados?

Abby Ellin: Conozco el estudio y es muy interesante. Y sí, pienso que hay toda una mentalidad de “equidad” o “justicia” con los niños y la comida. Padres de más de un hijo tienen frecuentemente dificultades con esto, especialmente si un niño tiene un problema de peso que el otro niño no tiene. Específicamente- si un niño tiene que cuidar su peso y el otro puede comer todo lo que quiera. Los padres nunca saben qué hacer, ¿deberían penalizar a uno por el bien del otro? ¿Deberían esconder comida del niño que tiene el problema de peso y dejar que el otro niño tenga acceso a ella? No pienso que eso funcione muy bien, lo único que se lograría, como en el ejemplo del mono que prefiere uvas y solo recibe pepino, es que sientan que se están perdiendo algo y que la vida es injusta. Y tal vez, aún mas importante, que algo está pasando a sus espaldas acerca de lo cual no saben nada (“veo que mi hermano está comiendo dulces, ¿por qué a mí no se me permite nada?).  Ese tipo de favoritismo- o sentimiento de que no se sabe lo que está sucediendo en la casa- puede hacer cosas terribles a la autoestima de la gente.

 

Ari Rajsbaum: Veo que las madres y las hijas se atrapan en una relación complicada alrededor de estos temas. ¿Has visto qué papel juegan los padres o los hermanos varones en todo esto?

Abby Ellin: Esta pregunta por sí sola da para un libro. El padre, los hermanos (novios también- y los amigos varones) juegan un papel enorme aquí. La primera relación con un hombre que tiene una niña es generalmente con su padre. Y yo pienso que la relación determina como serán sus futuras relaciones amorosas (asumiendo que sea heterosexual). Es sumamente importante que el padre apoye a la niña, reconozca sus logros, que le hable, que la ESCUCHE- que la haga sentir inteligente y bonita. Las niñas se identifican con sus madres, pero aprenden acerca de la relación hombre/mujer de sus padres. Los padres pueden jugar un papel muy importante en la formación de la autoestima de la niña. Lo mismo vale para los hermanos. Tener una relación positiva con los padres y los hermanos ayudará a la autoestima de la niña en la vida. Podrá no tolerar ser maltratada por hombres (como tantas muchachas lo hacen, especialmente a lo largo de su adolescencia y su juventud). Tener una buna relación con el padre/hermano es crucial para un sentido positivo de sí misma.

 

Ari Rajsbaum: Siempre he tenido la intuición (compartida con muchas otras personas, incluidos algunos redactores de los manuales más importantes de psiquiatría) de que los diagnósticos psiquiátricos tienen su utilidad, pero también tienen su limitaciones y sus consecuencias negativas. Algo que siempre me ha preocupado es que aquellos profesionistas que viven dentro del lenguaje diagnóstico, terminan a veces por ver la conducta a través de sus clasificaciones: lo que coincide con el diagnóstico es un problema, lo que no coincide no existe. La cultura diagnóstica se transmite al resto de la sociedad dejando a veces un lenguaje empobrecido para entender nuestras experiencias. En tu libro encontré un pasaje que transmite esto con fuerza. Después de contar como la comida dominaba tu pensamiento de forma casi permanente a lo largo de la adolescencia, de cómo te hacía sufrir, e influenciaba sobre tus relaciones amistosas, familiares y amorosas, dices lo siguiente (permíteme citar a tu libro): “Solo recientemente he comenzado a comprender lo que un problema de alimentación- no importa qué forma tome, no importa cuánto peses- hace a la vida de la gente. (Y lo llamo un problema de alimentación porque nunca tuve realmente un trastorno alimenticio. Los americanos estamos conformados para encajar en etiquetas- todo mundo se está recuperando de algo- pero yo nunca caí dentro de ninguna categoría. ¿Qué era yo? ¿Una persona con peso normal y mentalidad anoréxica? ¿Una aspirante a bulímica? De hecho, llegué a dominar el atracón; simplemente nunca pude llegar a perfeccionar la purga posterior)”. Estas líneas, que me encantan, describen lo que siente mucha gente dominada por todo tipo de problemas que simplemente no existen en el lenguaje diagnóstico y hacen sentir a los afectados aun más raros y fuera de la sociedad. ¿Podrías hablarnos más acerca de lo que piensas de estos diagnósticos y de sus efectos en la vida de las personas?

Abby EllinTengo diferentes pensamientos acerca de nuestra tendencia de diagnosticar todo ¿Sabes? Se puede argumentar que los males que sufrimos hoy no existían en el pasado- por lo menos no en la dimensión que actual- porque tenemos que ponerle a todo un título. Si no tiene nombre, no existe ¿no es cierto? Pero pienso que también tenemos la tendencia a sobre-diagnosticar muchas cosas- y por lo tanto, a medicar de sobra. Hay artículos acerca del número de niños con trastorno de déficit de atención o trastorno de déficit de atención con hiperactividad. Por supuesto, muchos de ellos podrían ser simplemente “hiperactivos”, como eran llamados cuando yo era una niña. Podrían también estar alimentándose con una pésima dieta- llena de azúcar y comida chatarra- lo cual también puede afectar la conducta. Podría costarles trabajo sentarse tranquilos o enfocarse porque están comiendo mucha comida chatarra, lo cual los pone inquietos. La pregunta es: ¿tienen realmente un problema, una “enfermedad” que requiere medicación? ¿Puede ser que haya algo más que está pasando? Esa es una de las preocupaciones con la máquina de sobre-diagnóstico. También es frustrante, tal como citas de mi libro, cuando uno no entra dentro de ninguna categoría propiamente dicha. En la preparatoria y la universidad, por ejemplo, nunca recibí ninguna ayuda porque nadie sabía qué hacer conmigo. No era anoréxica ni bulímica, ¿cómo podría tener algún problema? Los médicos expertos son un poco mejores hoy para lidiar con este tipo de asuntos con la comida- existe algo llamado “trastorno alimenticio no especificado” (escribí una historia acerca de esto en el New York Times: http://www.nytimes.com/2010/01/19/health/19eat.html) hoy yo hubiera caído dentro de esa categoría. Pero entonces deseaba con frecuencia poder vomitar, o ser llamada “esquelética” con tal de que pudiera ser clasificada dentro de alguna manera. Otro problema, es que los doctores tienen que poner un diagnóstico a sus pacientes por razones que tienen que ver  con los seguros.  Muchas compañías de seguros no pagarán ciertos tratamientos a menos que haya un diagnóstico adecuado- un diagnóstico que la compañía de seguros reconozca y acepte. Ese es otro gran problema.

 

Ari Rajsbaum: Antes de despedirte de nuestros lectores, ¿te gustaría dirigir algún mensaje a las personas que se encuentran dominadas por pensamientos acerca de la comida y que sufren por ello?

Abby Ellin: Esta es una pregunta difícil. Quisiera decir que el problema mejora con el tiempo. Pero para ser sincera… tal vez no lo haga. Conozco un buen número de anoréxicos o bulímicos en recuperación que siguen luchando diariamente, que tienen que decidir conscientemente si comen o si vomitan, si se suben a una báscula o se ejercitan de forma compulsiva. Conozco mucha gente que se sumergen en lo que van a comer cada día. Por otro lado…he conocido mujeres (y hombres) que dicen estar “curados” de su enfermedad, que juran no estar más atrapados por la adicción a la comida o por un desorden alimenticio. De hecho, escribí otro artículo acerca de esto, en el New York Times, sobre la posibilidad de “recuperarse” totalmente de la anorexia (http://www.nytimes.com/2011/04/26/health/26anorexia.html). Recibí muchos correos electrónicos refiriéndose al artículo ya que los lectores pensaban que estaba presentando un cuadro más bien sombrío. Ellos piensan que uno se puede recuperar totalmente del trastorno alimenticio, que es posible no estar ya sujetos a ese tipo de sufrimiento. Creo que realmente lo piensan. Por otro lado, mucha de esta misma gente trabaja en ese campo, ya sea dando consultoría a otras mujeres con trastornos semejantes o escribiendo libros sobre el tema o cabildeando en el congreso. En otras palabras: ellos dicen que están “más allá” del problema, pero sus vidas enteras están envueltas en el peso y la comida, aun cuando no están contando sus propias calorías o pesando su propio peso. Pienso que el término “en recuperación” es más adecuado, como cuando hablamos de un alcohólico en recuperación. Pienso que uno puede estar “en recuperación”, pero poca gente “se recupera” completamente. También depende de la definición que uno le da a la palabra “recuperación”. ¿Quiere decir pesar una cierta cantidad, aún si se piensa en comida sin parar? ¿Se refiere a algún índice de masa corporal, o a menstruar? Con alcohol y drogas es bastante sencillo: Se deja de tomar. Pero con la comida es un asunto diferente.

Dicho todo lo anterior, quiero decir que las cosas pueden mejorar y que de hecho mejoran. Creo realmente que es posible tener una vida feliz, saludable y libre de preocupaciones locas. Lo sé por mi propia experiencia, simplemente me aburrí profundamente de contar calorías y dedicar tanto espacio de mi cerebro a mi peso. Eso es realmente lo que fue para mí: ¡Aburrido! El mundo es más grande y más bello que el número de una báscula en el baño.

 

Si desea conocer más sobre la obra de Abby Ellin, puede accede al sitio:

www.abbyellin.com

 


 

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