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Diferencia entre amor y enamoramiento.

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Diferencia entre amor y enamoramiento.

Psic. Eva Latapi Silva

 

“Comenzamos a amar cuando dejamos de estar enamorados.”

-Erich Fromm

Hace unos días, mientras navegaba en una de las redes sociales me topé con una imagen que decía “Si el amor no es loco, apasionado y extraordinario es una pérdida de tiempo. Existen suficientes cosas mediocres en la vida, para que el amor sea una mas de ellas“. Estuve reflexionando en esta frase varios días, ¿Realmente el amor es mediocre cuando deja de ser loco y apasionado? ¿Qué pasa con las relaciones largas en las que por más que haya un sentimiento fuerte, ya no es la misma intensidad de pasión que como era al principio de la relación? ¿Estas relaciones deben terminarse por ser consideradas como mediocres? ¿Cuántos de nosotros hemos pensado en terminar una relación por esta ideología? Quiero dejar claro que me refiero al amor de pareja, ya que por más que quiero a mi familia y amigas no recuerdo haber pasado noches de insomnio por pensar en lo maravillosos que son.

Pareciera que cuando comenzamos una relación o empezamos a sentirnos enamorados, todo se nos facilita. No nos es difícil ver perfecta a nuestra pareja y sentir las famosas mariposas en el estomago con el simple hecho de ver su nombre en la pantalla del celular, como llamada entrante. Podríamos decir que en estos momentos el amor se siente como si fuera loco y apasionado, ya que sentimos que podríamos hacer cualquier cosa o dejarla de hacer por nuestra pareja. Por otro lado, conozco matrimonios de muchos años que tienen una relación excepcional, donde no me queda duda que hay mucho amor pero puedo asegurar que ellos no sienten nervios ante la presencia de su pareja, cosa que es muy común en los principios del enamoramiento.

Cuando hablamos de amor en pareja son dos fases por las que se atraviesan, la primera, como lo he comentado, es el enamoramiento. Todo es perfecto en esta fase, no existe persona con la que seamos más afín, que nuestra pareja y nuestro único interés es amarla y que nos ame de regreso. La segunda fase es el amor, que es lo que empezamos a sentir cuando termina la locura del enamoramiento. Sin embargo no todas las relaciones llegan al amor y no todas las que llegan, necesariamente estuvieron enamoradas.

El enamoramiento apasionado tiene una duración de entre los primero 6 meses a 3 años de la relación.  En este momento la química de nuestro cuerpo cambia. Comenzamos a producir 7000 veces más dopamina (considerada la hormona del enamoramiento y la ternura), que alimenta la fantasía y la imaginación. Utilizamos a nuestra pareja como una pantalla en blanco donde proyectamos todo lo que queremos ver. Nos sentimos entusiasmados y en nuestro cerebro se bloquea la lógica y la razón. Es cuando creemos haber encontrado a nuestra alma gemela, a nuestra media naranja. Al aumentar la dopamina, con ella aumenta también la testosterona (considerada la hormona masculina, que también es producida por las mujeres) y con ella el deseo sexual. Esta es la razón por la que los primero años de la relación las parejas son más activas sexualmente.

Bendita sea la dopamina que nos permite sentir de esta forma, en la que no vemos defectos  importantes en nuestra pareja, aunque sea por unos meses. Pero todo por servir se acaba y acaba por no servir, así que el efecto de la dopamina no es la excepción, ya que cuando los niveles de dopamina regresan a su producción normal es cuando dejamos de fantasear con los infinitos atributos de nuestra pareja, es cuando nos enfrentamos con la realidad y nos comienzan a irritar cosas de nuestra pareja como  su personalidad o las cosas que hace y deja de hacer. Existe mucha gente que pareciera adicta a los niveles altos de dopamina y a los efectos que esto tiene en nuestro cuerpo, ya que en cuanto comienza a sentir que las mariposas del estomago se apagan y que la persona que veían perfecta, tiene más defectos de los que recordaba. Entonces dan la relación por terminada.

Con el tiempo toda la locura de la pasión, desvanece gradualmente. La fase del enamoramiento pasional no dura toda la vida y es entonces cuando comienza la segunda fase que denominamos como amor. Es el momento en el que la locura e intensidad del enamoramiento son remplazadas por un sentimiento de paz, seguridad y comodidad. Cuando comienza el amor, se da otro cambio químico en el cuerpo. Al disminuir la producción de dopamina, aumentan los niveles de  oxitocina (considerada la hormona del apego) y vasopresina (considerada la hormona de la monogamia). A estas dos hormonas se les considera las “hormonas de la satisfacción” u “hormonas del apapacho”.  A pesar de que hombres y mujeres producen ambas hormonas, la combinación de la oxitocina con las hormonas femeninas tienen un efecto mayor en el amor, lo mismo sucede con la vasopresina y  las hormonas masculinas. Esta es la razón por la que se dice que la hormona del amor en las mujeres es la oxitocina y en el hombre es la vasopresina.

Las mujeres producimos oxitocina también, durante el parto y cuando se alimenta con leche materna al bebé. Esta hormona permite que se cree un vinculo afectivo fuerte con el pequeñito. Si tomamos esto en cuenta y lo relacionamos con la producción que se da de dicha hormona en el amor, podríamos entender por que las mujeres somos más cariñosas y nos gusta consentir a nuestra pareja cuando sentimos amor.

En el hombre ocurre algo diferente, al aumentar la producción de vasopresina, con ella aumenta la necesidad de defender lo que podrían percibir como suyo, en este caso, es su pareja. La vasopresina hace que el hombre sea más reactivo ante la invasión de un intruso, esto explica lo celosos que pueden llegar a ser.

Un dato interesante es que la vasopresina se puede considerar como la hormona de la fidelidad. Se han hecho diferentes estudios con mamíferos donde se ha comprobado que dependiendo de la cantidad de vasopresina, se determina si son monogámicos o poligámicos (Williams, Catania & Carter, 1992). O sea si tienen solamente una pareja o varias parejas al mismo tiempo.  Sin embargo la cantidad de vasopresina no lo es todo, ya que las conductas monogámicas dependen directamente del número de receptores de vasopresina que  tiene cada persona. Por lo que una dosis fuerte de vasopresina no cambiaría conductas de infidelidad ya que si no existen suficientes receptores en el cuerpo, de nada servirá y la persona infiel, lo seguirá siendo. Con esto puede existir una relación con el hecho que cuando la vasopresina y la oxitocina (hormonas del apapacho) aumentan, la testosterona disminuye y con ella también disminuye el deseo sexual. Por el otro lado cuando la oxitocina y la vasopresina disminuyen la testosterona y el deseo sexual aumentan.

Un dato interesante es que las personas que reportan insatisfacción en su relación de pareja, presentan niveles más bajos de oxitocina y vasopresina.

Todos nos hemos quejado de haber juzgado mal a nuestras parejas durante el enamoramiento. ¿Cuántas veces no hemos escuchado “todo mundo me decía que mentiroso y yo nunca pude verlo”?. Es importante liberarnos de la culpa que esto conlleva y entender que si no pudimos ver los defectos de nuestra pareja en un principio, fue porque la química que ocurría en nuestro cuerpo actuaba como venda en los ojos.

Algunos podrían sentir que se ha perdido algo maravilloso al terminar el enamoramiento. En cierta parte esto es verdad pero por otro lado, es un hecho que cuando uno está enamorado la incertidumbre del ser correspondido es inmensa, es tan intensa que no podríamos vivir así toda la vida sin volvernos locos. Es por esto que el amor viene a calmar ese sentir con un momento de estabilidad, paz y comodidad. Dejamos de tener una pareja perfecta y comienza a ser un mejor amigo a quien amamos, un testigo de nuestra vida. El estar enamorados es una experiencia única pero el amar a nuestra pareja es una forma de vida, en la que se tiene que trabajar día a día para conservar el respeto, la confianza, el romanticismo, la comunicación y por ende, el amor.

Me gusta mucho la frase de Jorge Bucay (psicoterapeuta argentino), “Enamorarse es amar las coincidencias y amar es enamorarse de las diferencias”. Al principio es muy fácil ver las cualidades de nuestra pareja, pero con forme va pasando el tiempo esto se dificulta, y uno se tiene que esforzar más para poder hacerlo.

Así que si al morir las mariposas en el estomago, uno siente que de un momento a otra, le salieron defectos a la pareja o que el príncipe azul se convirtió en sapo. No hay porque alarmarse, es un proceso normal, están entrando a la fase del amor.

Lo que es importante considerar en este momento, que tan dispuestos estamos a aceptar estas diferencias y pensar si en verdad podríamos trabajar en la relación para que funcione.

 

Si quieres saber más sobre el tema, estos son algunos de los libros que recomiendo:

  • BUCAY, Jorge,  SALINAS, Silvia: “Amarse con los ojos abiertos” / Océano –México: DF, 2004.
  •  HOWARD, J. Pierece: "The owner's manual for the brain" /Bard Press-EUA:Texas, 2006
  •  FROMM, Erich: "El arte de amar"/ Paidós- México: DF, 2009
  • WARD, Jaime: "The Student's guide to social neuroscience"/ Psychology Press- EUA NY, 2012"  

  

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