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¿Dinero y felicidad? Ari Rajsbaum Gorodezky

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¿Dinero y felicidad?

Ari Rajsbaum

Centro de Neurociencias Sociales

 

 

Si desde Marte enviaran a un alienígena a estudiar a los seres humanos, y este se limitara a registrar conversaciones, supongo que podría llegar a la conclusión de que la clave de la felicidad está en el dinero. Imaginemos que este grabara pláticas cotidianas a lo largo de una semana y seleccionara todas aquellas que tienen que ver con el tema. En la grabación quedarían quejas por falta de liquidez, peleas matrimoniales, suspiros de aquellos que harían tantas cosas de solo tener el suficiente capital, angustias por las desgracias que supuestamente podrían pasar en la empresa o en la familia de no conseguirse cierta cantidad. El marciano presentaría las pláticas en su reunión de científicos verdes y, cuando todos estuvieran convencidos que entre los humanos el dinero es la clave de la felicidad, diría lo siguiente:

-A pesar de todo lo anterior, escuché decir varias veces cosas como “los ricos también lloran” y “la felicidad no está en el dinero”. También cuentan historias de gente que era pobre pero feliz y que al volverse rica desconfía, se pelea con todos y muere rodeada de gente que solo busca sacarle todo lo que pueda.

Los marcianos quedarían confusos sin llegar a ninguna conclusión.

Nuestra mente piensa cosas contradictorias acerca de la felicidad y el dinero, cotidianamente lo tratamos como algo que tiene un gran peso para nuestro bienestar, pero en el fondo parecemos saber que no es tan importante. ¿Qué dice la psicología al respecto? ¿Puede el dinero hacernos más felices?

Los estudios anteriores acerca del tema muestran dos cosas: Primero, que los elementos primarios que traen felicidad no están relacionados con el dinero, sino con otras como la calidad de vínculos interpersonales y la participación en actividades que la persona considera trascendentes. Segundo, el estatus social sí influye sobre los grados de malestar en la vida. En general, hay un mayor grado de enfermedades relacionadas con el estrés en las clases más pobres. Esto sucede en todo tipo de países y culturas. Sin embargo, la relación entre estatus y malestar es muy compleja, ya que hay muchos factores que la modulan: la dimensión de las diferencias entre grupos en un país, el grado de estabilidad social, la existencia o ausencia de redes sociales en los estratos bajos, entre otros.

En lugar de preguntarnos acerca de la relación en general que existe acerca del dinero y la felicidad podemos hacer preguntas más específicas, por ejemplo, si hay ciertos usos del dinero que hacen más felices a la gente. Recientemente, Elizabeth Dunnn y Michael Norton publicaron un  libro que trata el tema. En “Happy Money” Dunn y Norton describen primero lo que ya se sabía desde tiempo atrás: más dinero, o más cosas no hace a la gente más feliz a largo plazo. Sin embargo, identificaron cinco formas de gastar lo que ya se tiene que sí contribuye a la felicidad:

Comprar experiencias: Comprar experiencias contribuye más que comprar cosas al bienestar porque estas (viajes, conciertos y demás) nos conectan con otras personas. Los estudios anteriores ya habían mostrado que una de las claves del bienestar está en el tipo y calidad de nuestras relaciones interpersonales.

Que el gasto sea algo especial: Todos los mamíferos manifestamos una conducta de “habituación”. La repetición constante de una experiencia hace que esta pierda parte de su valor. Como dice el dicho: “de lo bueno, poco”.

Comprar tiempo: Los autores encontraron que es recomendable gastar un poco más cuando esto implica ahorrar tiempo.

Pagar ahora, consumir después: Pagar los gastos por anticipado tiene dos ventajas: Vamos construyendo expectativas, lo cual hace la emoción previa se convierta en parte de la experiencia. Cuando estamos en ella (por ejemplo, en el viaje), no sentimos el dolor de lo que estamos desembolsando. Por el contrario, vivir endeudados es una fuente constante de angustia y preocupación.

Invertir en otros: Los estudios llevado a cabo por Dunn y Norton refuerzan las conclusiones de la escuela de psicología positiva; uno de los factores más importantes en la generación de felicidad a largo plazo está en la dedicación a tareas que sentimos trascendentes, es decir, cuándo pensamos que nos esforzamos por algo más importante y más grande que nosotros mismos. El trabajo a favor de una idea, una colectividad; el esfuerzo para cumplir con valores. El gasto de dinero en donativos, ayudas y apoyos a otras personas es un ejemplo de ello y  contribuye tanto o más a la felicidad que el gasto en bienes para el consumo propio.

En realidad, estos principios pueden parecer derivados del sentido común. Una de las virtudes de este libro es que cada uno de ellos está basado en una sólida base experimental. Es interesante que ninguna de las conductas identificadas por el libro es necesariamente “racional” u “óptima” desde un punto de vista financiero. Hay objetos que mantienen o incluso aumentan su valor monetario, mientras muchas experiencias implican únicamente gastos. El hecho de pre-pagar algo no necesariamente resulta en una ganancia, esto depende de factores como precios e intereses. El gastar dinero para disponer de tiempo libre puede ser considerado un gasto en muchas ocasiones. Lo mismo se puede decir con respecto a invertir en otros. Lo que tenemos es una serie de principios que, aunque pudieran resultar inconvenientes en términos monetarios, contribuyen considerablemente a la felicidad.

 

Referencia

Elizabeth Dunn and Michael Norton, Happy Money: The Science of Smarter Spending.  Simon & Schuster, 2012


 

 

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